Rafael Valencia
Universidad de Sevilla
El primer encuentro entre Abd al-Rahmán b. Jaldún y el sultán de los mogoles Tamerlán tuvo lugar el 10 de enero de 1401 en las afueras de Damasco. Para ambos personajes significa un episodio del final de sus vidas. De esta primera entrevista y de los sucesivos encuentros, hasta el último del 26 de febrero de ese mismo año, nos ha quedado reflejo en diferentes fuentes de la época y en la Autobiografía de Ibn Jaldún.
El historiador (1332-1406) está viviendo la última parte de su existencia en Oriente, asentado en El Cairo . Tras haber realizado en 1387 la peregrinación, vuelve a la capital egipcia al año siguiente. Allí pasará más de una década dedicado principalmente a la enseñanza hasta que es nombrado el 22.5.1399 qadi malikí, puesto del que se le destituye en septiembre del año siguiente. Dos meses después el sultán mameluco al-Násir Farach (1399-1405 y 1405-1412) le obliga a incorporarse a una expedición que se dirige hacia Siria. Ocho meses antes, en circunstancias muy distintas, había acompañado al mismo mandatario en un viaje que les llevó a Damasco, Jerusalén, Belén y Hebrón. En esta ocasión se trataba de auxiliar a la capital siria, ante el ataque de Tamerlán, que ya se había apoderado de Alepo. Ibn Jaldún ha escrito ya casi toda su obra y atesorado una gran experiencia sobre la condición humana y la política de su tiempo, hecho que se ve reflejado en el episodio al que nos estamos refiriendo, las posiciones que adopta y las opiniones que expresa.
El dirigente mogol (1336-1405) pertenecía a una de las ramas de estas poblaciones procedentes de las estepas chinas, los Yagatai, nombre de uno de los hijos de Gengis Ján (1167-1227). Tamerlán, como epónimo de los timuríes, dará lugar a una dinastía en el Oriente árabe que desplaza a los Iljaníes, el poder surgido a partir de Hulagu, el conquistador de la Bagdad abbasí en 1258. Los mogoles yagatai, islamizados a partir de la tercera década del siglo XIV, se vieron sumidos en un proceso de divisiones internas que verán su final con el mandato de Tamerlán. Tomando bajo su mando un amplio territorio que llega desde China a Siria y desde el Azerbaiyán a la India, su leyenda de dirigente cruel se ve contrastada con un amplio número de construcciones en mezquitas y otras obras en Samarcanda o Isfahán.
A su llegada a Damasco el 28.11.1400, con la ciudad sobre la que se cierne el cerco de las tropas mogolas, Ibn Jaldún reside en la madrasa Adiliyya. A comienzos de Enero el sultán mameluco, tras haber tenido algunos enfrentamientos con Tamerlán, sin un claro resultado, regresa al Cairo por sospechar la existencia de un complot fraguado en su ausencia. Con una población atónita ante la retirada de la mayor parte de las fuerzas mamelucas, Burhán al-Din b. Muflih, el qadi hanbalí de Damasco se dirige el 7 de enero al campamento de Tamerlán para intentar negociar una salida airosa ante la inevitable rendición. Al día siguiente repite la visita, acompañado por otros notables de Damasco y el 10 de ese mes se les une también Ibn Jaldún. En los días posteriores se repetirán las entrevistas entre ambos personajes, con el telón de fondo de la capital asediada, a partir del 14 de enero, y de sus dirigentes intentando negociar la rendición. Ésta llegará oficialmente el 4 de febrero, aunque las tropas de Tamerlán no entran en la alcazaba de Damasco hasta el 25 de ese mes. Al día siguiente se producirá el último de los encuentros entre Tamerlán e Ibn Jaldún. El 27 el historiador abandona la zona en dirección a Damasco. Por lo tanto asistió al pillaje de las tropas mogolas en Damasco, a pesar de la desorbitada cantidad, un millón de dinares según alguna fuente, desembolsada por las autoridades locales para conseguir una ocupación tranquila. El mismo día que llega al Cairo, el 17 de marzo, está ardiendo la capital siria, incluida la techumbre de la gran mezquita omeya.
Las entrevistas que tuvieron lugar entre Ibn Jaldún y Tamerlán revelan algunos detalles de la forma de ser de ambos, aunque queda clara la posición de dominio del dirigente mogol ante un personaje famoso por sus dotes diplomáticas que es usado para intentar lograr unas condiciones de rendición más favorables de Damasco. El primer encuentro tiene lugar a iniciativa de Ibn Muflih o bien de Xah Malik, el miembro de los Yagatai encargado de la ocupación de la ciudad. La intención de Tamerlán de continuar sus conquistas hacia el Norte de África resulta patente en el diálogo que mantiene con Ibn Jaldún, tal y como éste refleja en su Autobiografía:
“Cuando entré a verle, le saludé y le presenté mis respetos. Él levantó la cabeza, me tendió la mano y yo se la besé. Me indicó que me sentara. Yo me senté en donde había llegado. Luego llamó, de su círculo al alfaquí Abd al-Yabbar b. al-Numán, un alfaquí hanafí de Juwarizm, para que nos tradujera. Me preguntó de qué parte del Magreb era y por qué había venido. Yo le dije: “He venido desde mi país para cumplir el precepto [de la peregrinación]. Hice el viaje por mar y llegué al puerto de Alejandría el día del Id al-Fitr del año 84 de este siglo VIII (8.6.1383). Había fiestas por la entronización de az-Záhir al acceder al poder, cosa que había sucedido hacía diez días”. Él me dijo: “Y ¿qué ha hecho él por ti?”. Respondí: “Toda clase de bienes y favores, siendo generoso en su hospitalidad. Me proveyó para la peregrinación. Cuando volví, me concedió un sueldo, viviendo bajo su protección y su gracia. ¡Dios tenga misericordia de él y lo recompense!”. Me dijo: “¿Cómo se te nombró juez?”. Yo le dije: “Murió el juez malikí un mes antes de que él muriera . Creía que yo estaba dotado para desempeñar el puesto, por juzgarme equitativo e imparcial y capaz de afrontar el cargo. Y me nombró en su lugar. Él murió el mes siguiente. La gente del gobierno no estaban satisfechos con mi posición y me sustituyeron por otro, ¡Dios se lo haga pagar!”. Él me dijo: “¿Donde está tu hijo?”. Yo le respondí: “En el Magreb de Poniente, como Secretario del Gran Soberano de allí”. Él me dijo“¿Qué significa de Poniente en la configuración del Magreb?”. Yo le respondí: “En la forma de su discurso significa Interior, es decir, el más alejado. Todo el Magreb está a orillas del Mar Sirio Mediterráneo, por su parte Sur. El más cercano de aquí es Barqa e Ifriqiya; el Magreb Central Tremecén y el país de los Zanata; el Extremo, Fez y Marrakech, eso significa de Poniente”. Él me dijo: “¿Dónde está Tánger en este Magreb?”. Yo dije: “En el ángulo entre la Mar Océana y el Estrecho de Gibraltar, llamado al-Zuqqaq, formado en el Mar Mediterráneo”. “¿ Y Ceuta?”, me preguntó. “A poca distancia de Tánger, a orillas del Estrecho. Desde ella se embarca para al-Andalus, por la cercanía, que allí es de unas veinte millas”. “¿Y Fez?”, me preguntó. Yo le dije: “No está a orillas del mar sino en medio de colinas. Es la sede de los soberanos del Magreb, los benimerines”. Él me dijo: “¿Y Sigilmesa?”. Yo respondí: “En el límite entre los campos cultivables y las arenas por el lado Sur”. Él dijo: “No me contento con esto: quiero que describas para mí el Magreb completo, sus zonas más alejadas y las más próximas, sus montes y sus ríos, sus alquerías y sus grandes ciudades, como si yo las viera delante”. Yo respondí: “Así se hará para complacerte”
Las referencias que nos ha dejado Ibn Jaldún sobre estos sucesos abarcan tanto aspectos de la negociación como del conocimiento que demuestra el autor sobre los mogoles o tártaros, como él los denomina preferentemente en sus obras. Junto a otros expertos ayudará a Tamerlán, por ejemplo, a negar el reconocimiento que había hecho el mameluco Baybars a un descendiente de los califas de Bagdad . En otro pasaje de su Autobiografía , en una carta que dirige al sultán meriní , resume sus conocimientos sobre Tamerlán y los mogoles, a la vez que relata de forma resumida las vicisitudes por las que pasó durante su estancia en Damasco, en el mes que compartió con Tamelán hasta que le fue permitido partir hacia Egipto. Su saber enciclopédico es puesto de relieve por otros autores. Las referencias acerca del tema son más abundantes que en la Muqaddima, donde se limita a hablar de mogoles y tártaros como referencias secundarias: su papel en la caída de los salyuquíes y del poder abbasí en Bagdad, el espacio de una generación que invierten entre su salida de las estepas de China y su entrada en Mesopotamia y su constitución de un poder estatal fuerte, como el que logra acabar con las disputas entre hanbalíes y xiíes en el Iraq. Sobre este último aspecto trata una de las referencias más curiosas de la Autobiografía:
“A causa del miedo que sentía pensé en encontrar algo que le distrajera y lo pusiera en mi favor. Por eso comencé a decirle: “¡Dios te guarde! Hace treinta o cuarenta años que esperaba conocerte”. El traductor Abd al-Yabbar me dijo: “¿Cual es la razón de ésto?”. Contesté: “Por dos causas. La primera es que tu eres el sultán del universo y el dueño del mundo. Y no sé que haya aparecido en la creación, desde Adán hasta nuestro tiempo, un soberano como tu. Esto que digo no son palabras vanas, que me cuento entre la gente del saber y puedo explicarlo”. Entonces dije:
“El poder reside en la cohesión social. En su fortaleza radica la fuerza del poder. La gente del saber coinciden, antes y coincidirán después, en que los dos grupos más numerosos entre los pueblos de la tierra son los árabes y los turcos. Todos conocéis el poder de los árabes cuando estaban unidos por su religión en torno al Profeta. En cuanto a los turcos, en su rivalidad con los soberanos persas, citaremos a su rey Afrasyab que les arrebató el Jurasán, lo cual testimonia su poder. No hay paralelos en la cohesión de ellos entre todos los reyes de la tierra, desde Cosroes, a César, Alejandro Magno o Nabucodonosor. En cuanto a Cosroes, el más grande de los persas y su rey, ¿que valen ellos frente a los turcos?. César, Alejandro y los monarcas bizantinos, ¿son comparables éstos a los turcos?. Y Nabucodonosor, el grande de la gente de Babilonia y de los nabateos, ¿qué son estos frente a los turcos?. Esta es una prueba evidente de lo que he expuesto sobre tu poder”
Consideramos que, en el punto de su vida donde se produce sus encuentros con Tamerlán, para el historiador tunecino de origen andaluz, los mogoles y su dirigente representan para él la fuerza y el poder de un Estado capaz de consolidar el poder político de una comunidad. A lo largo de su vida, había comprobado la debilidad de las estructuras políticas del Mundo Árabe de su tiempo, desde al-Andalus, pasando por el Norte de África hasta Oriente. Debilidad que, en comparación con épocas pasadas, cabría achacar a la división del poder político. En sus palabras, a la falta de capacidad para restaurar la asabiya o cohesión necesaria para hacer viable el Estado. Un Estado del Islam a través de un grupo social no árabe. En fecha posterior, el intento de los turcos otomanos habría que considerarlo también en este mismo camino, dentro el esquema jalduniano de análisis histórico.
